Ya estoy en el tren. Un día más tomo mi TGV desde Hendaya hasta Paris Montparnasse camino de mi actual, pero no definitivo, hogar. Una vez más mi madre viene a despedirme y una vez más veo los mismos y tan conocidos paisajes pasar indiferentes junto a la ventana de mi asiento 25. Todo es como siempre, todo ha sucedido de este modo repetidas veces, sin embargo, dentro de esta rutina desde hace más de un año conocida, todo es diferente.
Una lágrima deslizándose en mi mejilla me recuerda que este viaje de vuelta nunca tendrá retorno. Me hace reflexionar sobre todos los momentos que he vivido en estas tierras y lo que suponía para mí regresar a casa, a mi entorno, ver a mi familia y a mis amigos, encontrar a mi gata paseando como una reina por las habitaciones y terrazas del piso en Mendelu, disfrutar de estos paisajes que me oxigenan sólo con contemplarlos. Me recuerda tantas cosas, tantos buenos y malos momentos, tantas celebraciones y reuniones familiares, en definitiva, tanto que el sentimiento que me invade en estos momentos es abrumador y muy difícil de expresar.
Con esta pequeña reflexión intento aflojar un nudo que lleva toda la noche oprimiéndome el estomago y que apenas me ha permitido dormir unas horas. Nunca pensé que podría sentirme tan unida a una casa en la que no he vivido ni tres años de manera continuada, pero es en estos momentos, cuando la pérdida de algo que se daba por hecho tiene lugar, que uno se da cuenta de la facilidad que tenemos para vincularnos a aquello que nos proporciona un grado de seguridad y estabilidad en nuestras vidas…¿y que es el hogar de nuestra infancia, juventud o, mejor dicho, el hogar que crearon nuestros padres para nosotros, sino esta burbuja de aire que nos da la energía que a los viajeros como yo nos hace falta de vez en cuando?
Para mí el volver a “casa” en determinados periodos de mi vida ha supuesto eso precisamente, una recarga de baterías para seguir adelante con mis proyectos. El hecho de volver a las raíces de vez en cuando me reconfortaba, me devolvía las fuerzas y las ilusiones por las cosas que en mi día a día se volvían rutinarias e incluso a veces perdían su significado inicial. Esto ha sucedido, sobre todo, cuando alguna dificultad en el camino me ha hecho plantearme mis propias decisiones y llegar a preguntarme hasta qué punto algunas de ellas fueron las adecuadas… Pero cuando llegaba a casa sabía que siempre lo habían sido, solo era cuestión de tomar distancia para verlo más claramente...Y ¡¡qué bien viene a veces esa distancia al mismo tiempo que se degusta uno de los guisos de mamá!!
En fin, poco a poco el tren me va alejando de mi punto de partida (ya estoy en Dax) al que no sé cuando regresaré...lo que sí sé es que ya no será a mi piso de Mendelu (las llaves se quedaron bajo la custodia de Lucas y de ahí pasarán a su nuevo propietario) y puede que ni siquiera a Fuenterrabía. No quiero decir que no vaya a pasarme por allí, pero lo haré de visita como una turista más, lo cual cambia sustancialmente las cosas y hace que este sentimiento de desarraigo sea más agudo si cabe.
Necesitaba hacerle un pequeño homenaje al lugar que constituyó mi hogar durante 11 años…Donde transcurrió una parte de mi pasado, aquel pasado que hoy me ayuda a afrontar el presente y a esperar con ilusión un futuro y los nuevos horizontes que se presentan ante mí y los míos…
Un hasta siempre creo que sería adecuado en este momento.
1 comentario:
Hay cosas en la vida que son curiosas, como la que expresas. Es verdad, pero tu no has perdido la referencia, sólo la has cambiado de lugar. No hay que ser gato, el ser humano puede desenvolverse sin la referencia del punto de retorno, más difícil es no tener la referencia de los intangibles y las personas. Y tu tienes muchas de este segundo tipo. Es lo importante. Otros trenes seguirán llevándote a otros sitios, en situaciones difíciles también, lo importante es que sigan llevándote.
Pero sí, es verdad, en estos años han pasado muchas cosas y la referencia común ha sido esa casa. Ahora, toda nuestra ilusión está volcada en otro sitio, como entonces lo fué en Mendelu. Toca otra vida, otras ilusiones y, espero, esperamos, otras referencias.
¡¡¡ VOLVEMOS A CASA !!!
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